01 agosto 2008

Causa y efecto.


El asombro entre los protagonistas y testigos, cercanos o distantes, nadie se imaginaba lo peor; a pesar de que las condiciones estaban dadas. Pero la costumbre es fuerte, ¿porqué preocuparnos?, hasta ahora nos fue más que bien, considerando lo que ponemos de nuestra parte.

Lamentablemente lo bueno sin esfuerzo no dura mucho…Un típico día que en cuestión de segundos se convierte en atípico, la estabilidad ficticia que manteníamos se ve quebrantada. Una explosión de confusión, marca un antes y un después, un después desconcertante; la inexperiencia no se corrige en minutos.

Sin pausas de descanso el calor se extiende doblegando personas que pasan a ser tristes victimas de una sociedad que olvida o ensaya olvidar, en demasiadas ocasiones, los principios que la deben regir. Se producen daños irreparables que no se pueden reducir a una simple disculpa o indemnización posterior, tampoco a la venganza por parte de los afectados más directos; somos todos responsables, la culpa es compartida.

Inmediatamente a los trágicos hechos se vislumbran destellos de solidaridad, rápidamente opacados por el morbo, hasta llegar, indefectiblemente, a la habitual actitud de indiferencia; sólo perturbada por sentimientos de rechazo y molestia, hacia los lamentos de quienes viven las consecuencias de la irresponsabilidad colectiva en piel propia.

Las causas: desorganización, falta de respeto, en todos los sentidos, ningún interés más que el personal, hipocresía e indiferencia abrumadoras. El efecto: ¿un final feliz? Ni en el mejor de los escenarios.

Fue un domingo hace 4 años, alrededor de las 11:25 a.m., la desidia generalizada no goza de la misma impunidad que algunas personas, los resultados pueden ser muy severos e inclusive podrían ser peores, una importante lección…